Gerardo Rocha: un testimonio personal

Señor Director:A la derecha, Gerardo Rocha

Decir algo sobre la persona de Gerardo Rocha, no obstante las terribles e incomprensibles circunstancias en las que encontró la muerte, lo considero un deber de justicia. Lo conocía vagamente antes de aceptar ser rector de la UST en abril del 2000; sí conocía algo su universidad, especialmente porque en ella participaban muy reconocidas personalidades académicas. Previo a mi designación en dicho cargo, debí naturalmente entrevistarme con él. En ese entonces era el presidente y fundador de Santo Tomás. Así, legítimamente, le gustaba que se lo reconociera.


Antes de dicha entrevista, quise conocer el edificio donde funcionaba la universidad en Santiago. Llamaron mi atención la limpieza general del inmueble, los sobrios colores de los muros, la austeridad de la decoración, la luminosa capilla con el Santísimo presente, entre otras cosas. Le referí estas primeras impresiones en nuestra entrevista: es parte esencial de nuestro proyecto educativo, me comentó escuetamente. Sus respuestas eran siempre escuetas; era hombre de pocas palabras; era más bien hombre de acción. Pregunté por qué en todas las oficinas hay un mapamundi. Me contestó: ¿Te gusta viajar? Me interesa que Santo Tomás esté en todo el mundo, agregó. Y el mapamundi en cada oficina, lo supe después, es para que todos piensen con perspectiva global, y no sólo por razones de expansión geográfica, sino también al modo universal de Tomás de Aquino.

La obra por la que se jugó con profunda pasión, con afán perfeccionista y ordenador, habla por sí sola. Miles de alumnos, miles de profesores, miles de profesionales formados en sus aulas, la mayoría primera generación con educación superior. Que al enterarse de su muerte el cardenal africano Alexander do Santos decidiera subirse a un avión y venir desde Mozambique a presidir la misa fúnebre es una señal impresionante. Hay en dicha obra un espíritu patente, que dice más que mil palabras.

Decir que trabajar con Gerardo era fácil sería faltar a la verdad; no podía serlo: quería hacer muchas cosas a la vez, todo rápido, cambiaba abruptamente de tema, y sus temas abarcaban el mundo entero, disponía cosas a gran velocidad, a veces sin mayores contemplaciones. Pero, asimismo, era generoso y afectivo, llamaba días después para pedir perdón por alguna aspereza; era especialmente sensible al bien de los alumnos, quería que cada uno pudiera tener la misma suerte que él había tenido.

La parte material de su obra no lo distraía de su soñado objetivo educacional, expansionista e integrador. De hecho, muchos edificios nuevos construidos en Chile recientemente ni los conocía. Cuando viajaba no se distraía un minuto en hacer turismo u otras actividades; todo giraba con precisión en orden a su objetivo concreto, y con perfecta puntualidad. Disfrutaba invitando a comer, pero no por la comida o la bebida, que siempre se encargaba él mismo de que fuera la mejor, aunque él no bebía y comía poco; pero se preocupaba de los comensales, y ya sentado en la mesa, se ocupaba de cada uno personalmente con delicadeza. Podía alojar con el mayor lujo oriental o en un monasterio abandonado expuesto al frío, y su ánimo no variaba; incluso creo que disfrutaba más en la adversidad que en la comodidad. Le gustaba registrarlo todo con su cámara de fotos o con una pequeña grabadora, fuera una buena imagen o una buena idea.

Lo pasó muy mal con la muerte de su nieto mayor. Lo pasó mal también con el accidente en Barcelona. Su familia ha conocido el sufrimiento muy de cerca y es admirable en su fortaleza. Esto les ha ayudado a ponerse en el lugar de la familia Oliva, que ha actuado también con nobleza, con la conciencia de que este episodio oscuro ha sido muy triste para todos.

Santo Tomás, la gran obra que Gerardo Rocha fundó y presidió hasta hace poco, deberá seguir creciendo, y de seguro ahora lo hará con mayor sentido luego de la dolorosa experiencia que ha vivido.

ANÍBAL VIAL ECHEVERRÍA
Ex Rector Santo Tomás

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